Skip to main content

Querida amigos,

Hoy llegó la lluvia. Estoy sentado cerca de una ventana en la biblioteca, mirando cómo la gente viene y va. Mis ojos están fatigados y mis manos congeladas. Hace cuatro semanas, América dio la bienvenida a una nueva administración. Una campaña basada en la expulsión de mi gente. Mientras trato de hacer las paces con mi nueva realidad, me he cansado de ser cazado en el proceso. 

Como la presa, declararon una temporada de caza para los migrantes con la esperanza que nuestro muerte va saciar tu hambre para el orden. Pero, ¿por qué eliges cazarnos? ¿Qué hay en mí que le haga creer que soy un criminal? Desde el momento en que mi familia decidió llamar a los Estados Unidos nuestro hogar, no hemos hecho nada más que dar nuestro sudor y nuestras lágrimas a esta nación; ahora tú pides sangre. ¿Cómo puedo explicarle que la sangre de mi familia no protegerá a la suya?

Me resulta difícil concentrarme en mis clases con el conocimiento de que la universidad no puede asegurar mi seguridad. Mis hombros están tensos y a veces no hallo mi respiración. Ser indocumentado hace daño a tu mente, cuerpo y alma. Mientras paseo por el campus, envidio lo cómodos que parecéis todos. Soñáis con la vida después de graduarse, sonreís con las fotos de la fiesta de anoche, os quejáis de la carga de trabajo de este semestre. Todos hacéis que ser un soñador parezca tan fácil; para mí también lo fue una vez. Me llamasteis “Dreamer”, afirmando que era estadounidense en todos los sentidos excepto en el papeleo. Ahora la nación con la que soñaba es la misma que no me deja dormir por las noches. 

Amigos, has olvidado que soy el hijo de alguien. Es el caso de todos los migrantes de este campus. Soy un hijo, un hermano, un amigo, pero preferís llamarme un criminal, un ilegal, un extranjero. Veo cómo tratáis a mis hermanos y hermanas. Puede que no todos hablamos tu idioma, pero tu odio no necesita traducción. El nopal de mi frente no es ahora diferente de un blanco en mi espalda. Cuando me miro al espejo, me cuesta pensar en un tiempo en le que mi cabeza no tuviera recompensa. Sólo pido piedad, antes de que sea demasiado tarde. Tú harías lo mismo si estuvieras en mi lugar. 

Algún día, estaré sentado a tu lado en nuestra graduación. Largas togas negras, título en mano, y un ridículo sombrero en nuestras cabezas. Y en ese momento, te resultará difícil distinguir la diferencia entre cazador y presa. 

Con suerte,

Anónimo

Huellas es una colección de cartas anónimas comisariada por Alejandro Cruz y Taelyn Pauley. Las opiniones expresadas en la columna, así como las publicadas en The Nevada Sagebrush, son exclusivamente las del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de The Sagebrush o de su personal.  Si desea participar, contacta Cruz en cruzthecowboy@gmail.com para obtener más información.


Author

Leave a Reply